Papá y Mamá

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Me despierto y lo veo todo borroso, me hacen falta unos cuantos parpadeos para aclarar la vista. Me incorporo, me froto los ojos y miro a los lados. Me doy cuenta de que estoy en una especie de hospital y se me hace extraño. Lo último que recuerdo es meterme en el jacuzzi. Cuando miro mejor, me doy cuenta de que hay más camas, y que todas están ocupadas; por mis hermanos.

Me empiezo a poner nerviosa. ¿Qué hacemos todos en el hospital?. ¿Dónde están Papá y Mamá?. Y al intentar levantarme, otra duda más se me aparece: ¿Por qué me duele tanto el torso?. Me levanto el camisón y me doy cuenta de que una enorme cicatriz me va desde prácticamente el ombligo a media espalda. Estoy muy asustada y me duele muchísimo. Oigo mi nombre, es mi hermano mayor, me dice que no me preocupe, que todo está bien y sin querer, le suelto una metralleta de preguntas y me empieza a contar algo:

Me dice que no nos ha pasado nada, que Papá y Mamá nos han traído aquí. Me cuenta que él no es la primera vez que está aquí. Que estamos aquí por el trabajo de nuestros padres y, mientras le cae una lágrima, se levanta el camisón y me enseña que tenemos la misma cicatriz. Estoy confusa. Me pregunta que de qué creo que trabajan nuestros padres. Le digo que no lo sé y no es hasta que él me lo dice que uno cabos. Papá y Mamá viven vendiendo nuestros órganos.

 

 

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