Todo comenzó un día de verano, una niña huérfana fue dada a su abuelo Don Ignacio.

Los padre de Lucía sufrieron un grave accidente de tráfico mientras iban para el aeropuerto, para irse de vacaciones a Puerto Rico. La niña fue la única que salió ilesa de aquel terrible accidente.

Ella no conocía a su abuelo por parte de padre, ya que desde que nació la pequeña Lucía, ellos dos jamás se hablaron. La única que mantenía contacto con el era su esposa Clara.

Al llegar a la casa, la niña estaba nerviosa ya que no sabía dónde iba o cómo iba a estar estaría, hasta que la señora de Asuntos Sociales le explicó dónde iría, con quién y adónde. Ella le dijo todo: que iría a un pueblo cercano y seguiría yendo al mismo colegio.  Lucía no cambiaría su vida por nada, solamente estaría con su abuelo y su hermano pequeño Lucas.

Pasaron los años y ellos estaban muy bien. Hasta que el abuelo le confiesa a Lucía que tenía cáncer y que le quedaban solo dos semanas de vida. La niña no se lo creía.

Al pasar las dos semanas, el abuelo de dijo a la niña:

-Por favor, cuida de tu hermano, hazlo por mí.

La niña se lo prometió:

-¡AQUÍ Y PARA SIEMPRE ABUELO! ¡Prometido!

Un comentario en “Aquí y para siempre

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