El nuevo
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  Mi hermano Jordi era un chico de 14 años que cursaba 4to de la eso en el instituto Arenys en el barrio de L’Eixample de Barcelona. El primer día de clase, después del verano, llegó al instituto y se encontró con su mejor amigo en la puerta de entrada que le estaba esperando. Entraron

Contra todo
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Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba Daniel se había criado en una familia con un alto poder adquisitivo, donde sus padres nunca le prestaron demasiada atención. José y María, sus progenitores, se dedicaban al mundo de las inversiones y se pasaban horas y horas en su

Antes del fin
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Nuria era una niña que había viajado mucho. Desde que tenía 5 años,  por los negocios de su padre,  nunca había vivido en un sitio fijo. El 25 de octubre iba a volver a viajar, esta vez a Nueva Orleans. Solo estarían un par de meses. Alquilaron una cabaña a las afueras de la ciudad,

El beso…
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EL BESO QUE NUNCA REGRESÓ. Era ser una vez un hombre griego y muy guapo querría casarse con una princesa llamada Piolera. El 23 de julio del 1765 se conocieron. Y Piolera se enamoró, pero el padre de la princesa le obligaba a casaré con un príncipe de una ciudad del norte de Grecia. Llegó

Lo que nunca podré olvidar
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Miraba hacia el parque de los robles Mientras estaba en mi habitación, observaba hacia el parque de los robles, por el gran ventanal, decidí leer la invitación para la fiesta de Amber, no me apetecía mucho, pero no tenía planes mejores. Decidí ir a la fiesta, así que me dispuse a ir al armario, para

Dijo que se llamaba María
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 le llegaban las palabras de la mujer Era un día cálido en la estación, Max y Bruno estaban a punto de subirse al tren en dirección a Madrid, le habían concedido una beca para ir a la Universidad Complutense.  Llegó el tren, eran cinco vagones, a ellos les tocó el último. Al entrar se fijaron en que

Los asesinos amorosos
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Los asesinos amorosos El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario